Escribe y quema. Como un barco, ahoga las palabras en tu boca.

Escupe las ansias, los llantos, los gritos, los amores.

Quema las hojas. Quémate el cuerpo, las fotos, los ojos, la esperanza.

Recito el discurso, las maldiciones, mis conjuros de bruja,

de mujer pagana, de hechicera, de loca, de hiena herida.

Camino en círculos por la sala y el pasillo, invento deseos,

maldigo las horas, los días, los años. Maldigo tus manos

y tu boca en mueca de odio, tu boca sonriendo, tu boca besando.

Agoto la rabia sobre el papel, sobre el teclado, sobre el asfalto.

Nada alcanza, tu ausencia sigue asfixiándolo todo

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Silencios

Que bien viene este silencio de ti

del mundo gris que me conformas

de mis miedos en tus manos

de tus palabras viejas, huecas.

Que bien viene este silencio de mi

de esa que me convierto en ti

de esa que me aleja de mi espejo

para encerrarme en tu reflejo.

Que bien me viene este silencio de nosotros

donde sólo cabe la realidad y el hoy

donde no hay pasado, ni rencor, ni tu voz

ni la rancia esencia del humo de tu cigarro.

Que bien me viene tu ausencia.


Y de tanto pensar…

Y de tanto pensar...


Hoy dejo de escribir sobre ti, de escribirte a ti. Ya no caben más palabras en mis recuerdos ni en esta habitación que fue nuestra, ni esa vida a la que pertenecí por entero y de la que fuiste tú por tan poco tiempo.

 

 

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Amor solo

Pinto tu imagen en mis labios

y beso los ayeres.

Ya no hay paso atrás ni esperanza que viva

queda sólo el amor, el amor solo.

 


Cuerpos sabios

Nos amamos sin saberlo nosotros

mas lo supieron nuestros cuerpos, siempre.

Mi cuerpo que es sabio y viejo.

Por eso reíamos ante nuestra sonrisa

y soñaban nuestros ojos mientras mirábamos

el mismo árbol

y la luz del sol entre sus hojas.

No lo supimos nosotros, lo sabían nuestros cuerpos.

Sabían del amor, del mío y del tuyo, 

en ese primer beso que no fue sino un arrebato

lo gritaba el fuego en mi vientre

y la ansiedad de tus manos.

Supimos del amor tarde, muy tarde.

Sordos ante sus gritos, ahogamos sus voces 

y sus delirios con la razón y los pensamientos


El día dejó de traer la calma

los fantasmas ya no temen a la luz ni al tiempo

acechan detrás de la puerta, debajo de las cobijas.

Hace frío y tiemblo.

Los recuerdos vuelven en marejadas

arrastran mi cordura y la desparraman 

sobre el suelo lleno de polvo y lágrimas.

Perece el presente asfixiado entre palabras.

Grito sin voz y sin alma.

 

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